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⬤ LOW 22 Sep 2026, 13:27 UTC

¿Árbitro vendido? Cinco razones para no creerlo (ni creerme)

“Árbitro vendido” es la acusación más antigua del deporte y, cada vez con más frecuencia, de la política. Quien pierde el partido, sospecha del silbato. Cuando el árbitro es un tribunal electoral, la sospecha deja de ser un desahogo de tribuna y se convierte en un ataque al corazón de la democracia.Uno de los males que acechan a las democracias es la desconfianza hacia el trabajo que realizan las instituciones electorales. La desconfianza institucional es grave por sí misma porque merma el vínculo ciudadano con el servicio público. Pero la dirigida a quienes tienen encomendada la tarea de administrar las elecciones y decidir el conflicto electoral es especialmente dañina, pues supone la erosión y la destrucción del propio sistema democrático.Un discurso que alimenta la desconfianza afecta también a los ciudadanos en general porque los termina expulsando de las urnas, empobreciendo la participación política. El mensaje nocivo es muy conocido: si no existe confianza en la democracia o en sus instituciones, y se instala la idea de que los resultados están dados de antemano en el juego electoral, entonces de nada sirve ir a votar y participar.Escribo, además, desde adentro: soy magistrado de la Sala Superior del Tribunal Electoral. Por eso no les pido que me crean. Les pido algo más incómodo: que no le crean a nadie sin revisar; ni a quien asegura que el tribunal está vendido, ni a quien lo defiende solo porque lo integra.Por ello es fundamental atajar ese discurso ideologizado con diagnósticos serios, datos y hechos objetivos que, sin apasionamientos ni prejuicios, muestren qué función cumplen las instituciones y con qué resultados.La confianza en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no tiene que descansar en simpatías por sus integrantes ni por el órgano, y mucho menos en actos de fe: puede medirse. Ofrezco, al menos, cinco razones para confiar en él:1. Imparcialidad demostrable. Si el tribunal estuviera inclinado sistemáticamente a favor del partido gobernante, esa ventaja se vería reflejada en sus sentencias. Los números muestran algo distinto: el PAN obtiene resoluciones favorables en 44.4% de sus asuntos; Movimiento Ciudadano, en 35.9%; el PVEM, en 35.3%, y Morena, en 34.3%. Según datos oficiales, ningún partido gana siempre ni pierde siempre, y eso es justo lo esperable de un órgano que resuelve por razones y no por camisetas.El TEPJF ha dictado resoluciones favorables y desfavorables para fuerzas políticas del gobierno y de la oposición. La ley se aplica a argumentos y pruebas, no a colores ni a banderas.2. Estabilidad y transmisión pacífica del poder. Desde su creación en 1996, el TEPJF ha garantizado cinco elecciones presidenciales, con alternancias incluidas, y 10 elecciones legislativas federales. En estas tres décadas, 31 entidades federativas han vivido alternancias pacíficas, al igual que miles de municipios. La razón de fondo es simple: el conflicto poselectoral dejó de resolverse por vías políticas y pasó a resol
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