La desigualdad extrema no es inevitable. Es una decisión política y podemos revertirla
De toda la riqueza creada desde el año 2000, el 41% ha ido a parar al 1% más rico a nivel global. En cambio, la mitad más pobre de la humanidad recibió apenas el 1%. Así, en un extremo, las fortunas individuales se miden en cientos de miles de millones de dólares, mientras que en el otro, 2300 millones de personas (una de cada cuatro personas en todo el planeta) tienen que saltarse alguna comida cada día.
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