Una propuesta atrevida
Hay algo que a los empresarios de la capital (y del país), especialmente a los pequeños, nos lastima profundamente: cuando un inspector nos visita para anunciar una clausura o una multa. A veces tienen razón, porque hubo negligencia o desconocimiento. Pero muchas otras bastan un trámite mal capturado o una falla del sistema para que llegue el castigo.
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